Por: Juan José Molina Montúfar
Primeramente, amigo lector, agradezco la invitación que me hiciera para formar parte de esta iniciativa denominada “Agora”, proyecto que hoy dirige un inquieto joven, a quién junto con un grupo de estudiantes en su formación politológica, allá en el Colegio Libre de Hidalgo, tuve a bien formarlos con mis enseñanzas y experiencias propias.
De su generación, destaca Vivier Hernández, a quien agradezco su invitación para colaborar de su propuesta, para abrir un espacio plural, de reflexión y análisis, en torno a diversos temas de interés local, regional, nacional e internacional.
De tal forma, que comparto el presente tema de la migración, el cual representa una importancia global sobre sus efectos y causas que la motivan.
El mundo vive lo que el sociólogo australiano Stephen Castles y el politólogo estadounidense Mark Miller denominaron «la era de la migración».
De acuerdo, con la investigación que realizan destacados especialistas en el tema como: Diego Nuño, Stephania Carpi y R odolfo Cordova, en la Revista Foreign Affairs Latinoamérica, tomando en cuenta las últimas cifras de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en 2015 había en el mundo unos 244 millones de migrantes; es decir, un 3.3% de la población mundial de 7350 millones ahora viven en un país en el que no nacieron.
Esto representa un aumento del número de migrantes de aproximadamente 60% en los últimos 25 años o de más de 25% en la última década.
A pesar de la envergadura de estos movimientos, se ha estudiado desde una perspectiva sociodemográfica, o si acaso económica, pero no necesariamente como tema de política; esto es, la migración internacional se describe cuantitativamente: el tamaño de los flujos, su procedencia, su destino, su impacto económico y, a veces, su impacto social.
Sin embargo, debe reconocerse que los movimientos humanos siempre tienen importantes efectos de largo plazo tanto en las sociedades receptoras como en las originales.
Migración y globalización
El aumento de los flujos migratorios se ha producido en el contexto de la globalización, lo cual significa que hay más países afectados por la migración y que además de los viejos flujos migratorios han surgido otros nuevos.
Algunos países de origen se han convertido en países de destino; otros son de tránsito. Los países que eran de destino ahora exportan a sus ciudadanos y en algunos más se observan varias formas diferentes de migración.
También han cambiado la edad y el sexo de los migrantes, así como sus motivos.
Muchas veces, los flujos de trabajadores provisionales en una primera instancia, se convierten en flujos de reunificación familiar.
También hay una tendencia creciente a los flujos mixtos; por ejemplo, en el nuevo fenómeno del refugiado, que es tanto refugiado político como migrante económico.
La globalización ha presentado desafíos a la soberanía de los Estados nacionales.
Los acuerdos internacionales, como los de Schengen en Europa o del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), protegen y limitan las posibilidades de acción de los países.
Al mismo tiempo, el tamaño de los nuevos flujos migratorios, junto con las tecnologías modernas de transporte y comunicaciones, han aumentado la viabilidad de las comunidades trasnacionales.
Los Estados modernos han reaccionado contradictoriamente, pues a veces se aferran a las nociones tradicionales de soberanía nacional, mientras que en otros momentos aceptan la complejidad y la fragmentación de la autoridad provocadas por la globalización y cooperan con otras organizaciones e instituciones.
La migración afecta las políticas nacionales y, por consiguiente, las políticas de seguridad nacional y las relaciones bilaterales y regionales, de modo que ha adquirido una importancia política cada vez mayor.
Otro efecto de la era moderna de la migración en masa es el aumento de la diversidad étnica de los países receptores.
Migración y política
La migración se considera un fenómeno primordialmente sociodemográfico, pero puede argumentarse que sus efectos más permanentes son los políticos, y tienen manifestaciones tanto activas como pasivas.
Esta afecta a la política internacional tanto de los países de origen como de destino. Impacta asimismo en la política interior de los países receptores, tanto por sus repercusiones en la población nativa, cuanto por su peso en las funciones del Estado, como seguridad, educación y gasto social.
Además, muchas veces afecta la política nacional de los países emisores, al considerar las acciones de su diáspora en sus nuevos hogares.
Finalmente, los migrantes inciden también en la política nacional del país al que llegan.
Quizás el efecto más común de la migración en la política nacional de los países de destino es el que tiene que ver con la población original.
La inmigración cambia la política interna del país de muchas maneras, por motivos culturales, religiosos o lingüísticos, aunque da la impresión de que estos efectos se concentran principalmente en la economía.
Es indiscutible que el capital es más móvil que la mano de obra; sin embargo, la economía mundial sufriría sin los flujos migratorios.
Al mismo tiempo, los trabajadores de los países más desarrollados piensan que los inmigrantes les quitan su trabajo.
Diego Nuño García examina cómo la crisis migratoria de 2016 en Europa ha afectado la política interna de los países del continente y los ha llevado a establecer medidas nacionales de restricción de la migración y el asilo.
Estas reacciones inciden en las relaciones entre estos países y sus vecinos, y entre la Unión Europea y otras entidades fuera de la región.
Stephania Corpi y Rodolfo Córdova Alcaraz trazan una imagen de la migración a través de México, en la cual, por desinterés o falta de capacidad de los Estados y sociedades emisoras, de tránsito y de destino, quedan los inmigrantes en condición de vulnerabilidad.
En este vacío que dejan las autoridades, los comités ciudadanos y los grupos de familias de migrantes de México y Centroamérica han cumplido un importantísimo papel en la búsqueda de un trato más justo.
Finalmente, podemos señalar que, la migración es un fenómeno humano natural que responde a las necesidades de los individuos; es una serie de negociaciones continuas en todos los niveles: el de los individuos, las familias, los grupos organizados de la sociedad civil, las sociedades, los países y aun los bloques trasnacionales.
Muestran también que, en muchos sentidos, la migración se trata fundamentalmente de identidad: como individuos, como miembros de un grupo, de una localidad o de un país.
La migración es un vehículo para cuestionar nuestra identidad humana, sus horizontes y sus límites, para mostrar la multiplicidad de identidades que todos poseemos y para servir como testigo de la increíble capacidad humana para la adaptación.

